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No es fácil explicar que electrodomésticos igual de eficientes ahora llevan una letra más fea.

Etiquetado energético: mucho se ha dejado para última hora, y al final el peso argumental recae en el comercio.

Como bien sabe el sector, desde el 1 de marzo está en vigor el nuevo etiquetado energético para electrodomésticos. El comercio del ramo, representado en la Federación Española de Comerciantes de Electrodomésticos, Fece, de la mano con la patronal de la línea blanca, Anfel, ha elaborado material de apoyo para los establecimientos minoristas que ayude a difundir las características del nuevo etiquetado. Y la patronal de la gran distribución, Anged, está colaborando también en esa tarea formativa/divulgativa. Pero la entrada en funcionamiento de la etiqueta no se está viendo libre de dificultades e incluso pequeñas incidencias.

Fuentes del sector nos confirman que hay fabricantes de electrodomésticos que en la primera semana de marzo (y probablemente todavía hoy) no tenían actualizada la información energética en sus páginas web, y productores que han seguido expidiendo al comercio producto con etiquetado antiguo. La propia Unión Europea ha esperado hasta ultimísima hora para poner en funcionamiento la base de datos Eprel (de características y códigos QR para el etiquetado energético, literalmente en inglés «European Product Database for Energy Labelling). Por último, el Ministerio de Industria, Comercio y Turismo, tenía prevista una campaña de publicidad sobre etiqueta energética (centrada en electrodomésticos y luminarias), que ayudase a una toma de conciencia ciudadana sobre estos cambios, que finalmente se ha retrasado y ya no llegará hasta después del verano.

Una de las consecuencias de esa desidia administrativa es que todo el peso de la información recae, muy especialmente, sobre el comercio minorista.

Aunque a veces creemos que los usuarios no le dan mucha importancia a la etiqueta a la hora de adquirir el producto, lo cierto es que sí que establece una categorización de los electrodomésticos, incluso como modo de justificar un precio. El cambio de etiqueta ha provocado ya —nos dicen— algunos casos de extrañeza del consumidor que, al examinar los aparatos en las tiendas físicas, han manifestado asombro e incluso suspicacia al ver que los nuevos aparatos tienen bajas calificaciones energéticas expresadas en letras. Y es que, lo que antes venía con buena o aceptable calificación de abecedario ha pasado a una nota moderada o floja. Es lo mismo, pero tiene un nombre peor. Y eso ha aumentado el tiempo de explicación dedicado a la venta por el personal de los establecimientos.